Paredes que “hablan” mejoran eficiencia de los edificios

Ricardo Ciocca

Los detectores instalados en las paredes pueden, por ejemplo, localizar a las personas en incendios.

Sensores, chips y otras tecnologías están revolucionando los edificios en temas de confort, ahorro energético, seguridad y optimización de espacios. El último grito, los detectores de presencia en paredes y techos que permiten monitorizar el nivel de ocupación de las salas y mejorar el reparto de la gente.
Dadas sus múltiples ventajas, estos sensores de presencia de última generación se están implantando ya en edificios de distintas empresas en el mundo, como en Carrefour en Francia.
Se trata de una tecnología que ahorra consumo de energía a la empresa, porque al identificar y comunicar donde hay gente se puede regular de forma más eficiente la luz y la calefacción, pero tiene otras ventajas.
Por ejemplo, permite localizar de forma inmediata a las personas, y eso ayuda a su posible evacuación en caso de emergencias tipo incendios.
 
También identifica sin cámaras y sin tener que abrir puertas las salas de reuniones vacías, lo que soluciona el problema de no utilizar determinados espacios en las oficinas, únicamente porque no se ha actualizado el sistema de comunicación interno en donde aparecen como reservados sin que finalmente se utilicen.
Los empleados reciben las comunicaciones en tiempo real en sus dispositivos móviles, lo que les ayuda a evitar desplazamientos innecesarios dentro del edificio; así si reciben la notificación de que la cafetería está llena, pueden decidir posponer el café para más tarde.
La multinacional francesa Schneider Electric, líder mundial en fabricación de material eléctrico y soluciones de eficiencia energética, ha desarrollado una tecnología de este tipo que combina sensores de presencia y sistemas de radiofrecuencia junto con “nanochips” de identificación que llevan los empleados en portatarjetas.
El presidente de la compañía en España y Portugal, Patrick Gaonach, anunció la creación este mismo año de “un centro de excelencia” en Barcelona de “ciudades inteligentes”, junto con el ayuntamiento y un consorcio de empresas, incluida Schneider Electric, con el objetivo de definir una plataforma para este tipo de urbes extensible a todo el mundo.
En este ámbito de ciudades inteligentes se enmarca el software de gestión Gilif (Give Life to Real Estate) para medir la ocupación de espacios en edificios, que por el momento se ha empezado a implantar en inmuebles empresariales, pero podría ser trasladable a otros espacios como centros comerciales o museos, según sus responsables.
Esta tecnología podría ayudar a localizar niños extraviados o personas con enfermedades neurodegenerativas. Además, evitaría sustos tan desagradables como dejar encerrado por error a alguien únicamente por desconocerse que hay alguien dentro.
El área que detecta cada uno de estos sensores es de 15 metros cuadrados. Su implantación se combina con un sistema de radiofrecuencia y chips RFID de identificación personal que los empleados llevan adosados en portatarjetas.
El chip carece de daños para la salud, porque tiene unas emisiones bajísimas (un millón de veces menos que las de un teléfono móvil con wifi, y diez millones menos comparado con la conexión 3G).
Otra de las ventajas del sistema es que es anónimo al borrarse automáticamente los datos personales de la persona identificada una vez obtenidos. La tecnología sólo desvela su ubicación y el tipo de vinculación con la empresa (visitante, empleado, personal directivo).

 

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